
El jardín de la doncella ha obtenido el premio Julio Ramón Ribeyro de novela. Carlos Rengifo construye en esta, dos ficciones.
La primera es la historia de una joven de nombre bíblico que nos recuerda lo sacro. ella transita entre el mundo de los hombres y el de lo místico. el conflicto entre estos dos mundos no se presenta con grandilocuencia, no hay una adjetivación dramática, ni una construcción trágica; simplemente hay que pensarlo un poco. la sexualidad en la novela se experimenta en espacios lúgubre, mal olientes. el hermano de la protagonista se masturba junto a los animales, las prostitutas tramitan en callejones -ambos son eventos que descubre y observa Magdalena de los Ángeles con lejanía, curiosidad, sin escándalos, como si tratara de descubrir qué es lo que los seres humanos realizan durante detrás de los muros- y el primer encuentro sexual de la niña es con un escultor violador que acaricia su no desarrollado cuerpo con gran culpa para luego suicidarse. la protagonista está rodeada, entonces, de la suciedad del sexo; y es por esto que es trascendental que, con solo 12 años, Magdalena de los Ángeles se enamore. es una pre adolescente que ha observado en el mundo una gran pobreza, en el que el amor es una sombra del sexo y que, en una tarde, de camino a casa, es acosada por borrachos. el joven Sebastián Bellido salva su honor para luego quedar sorprendido por su belleza, provocando en él el anhelo de encontrarla en alguna esquina para acompañarla mientras camina. ella piensa en él y él en ella. sin embargo, Sebastián es un simple ser humano que, impulsado por el deseo, contrata los poco higiénicos servicios de Candulia, una negra esclava que se prostituye por el ardor de entre piernas que parece insaciable. al enterarse de la humanidad de su amado, Magdalena de los Ángeles, abandona el mundo de los hombres totalmente. su interés por lo mísitico se acrecienta y más aún cuando tratan de casarla a la fuerza como fuerza era costumbre. Sin embargo descubrirá que el plano místico no es una garantía de felicidad. bajo mi juicio, esta primera ficción es válida; pero exige una lectura que conecte elementos, que trace una línea entre los capítulos de cada parte. no es un error en Rengifo el que no sea evidente lo que quiere mostrar en cada capítulo ni tampoco la mesura en su narración evadiendo lo melodramático, aunque muchos lectores perciban la escritura como débil por la falta de la pirotecnia.
La segunda ficción que nos presenta Rengifo es la de construir una novela que parezca escrita en la época en la que se dan los sucesos. no es solo reconstruir una época en base a una investigación que me animaría a señalar como prolija, sino también respetar costumbres como la estructura genealógica. en algunas novelas de siglos anteriores al XIX se acostumbraba realizar grandes introducciones descriptivas o genealógicas. se me vienen a la cabeza las decenas de páginas que utiliza Víctor Hugo para describir la catedral en Nuestra Señora de París, sin que pase nada de nada o la detallada descripción de la casa de Eugenia Grandet que realiza Balzac. del mismo modo, muchas historias presentaban la vida de los padres de la protagonista. sin ir muy lejos, la extraordinaria novela El mundo según Garp nos presenta la vida de la madre de Garp antes que la del protagonista durante hipnóticas páginas iniciales. así, Rengifo inicia la El jardín de la doncella narrando la historia de sus padres. El lenguaje recoje modismos de la época que algunos han considerado lugares comunes y que yo percibo como ladrillos para la atmósfera de esta segunda ficción; aunque claro, es solo una opinión. la linealidad en los hechos así como también cierta moralina son esenciales para esta segunda ficción.
Y tal vez sea la necesidad de cumplir los rasgos de la segunda ficción los que han limitado cierto desarrollo en la novela y, por lo tanto, producir algunos disgustos. por ejemplo, un rasgo imprescindible en estas novelas es cerrar cada detalle, concluir con la vida de cada uno de los personajes aparecidos durante la trama y, por esto, se convirtió en oligación el volver sobre Sebastián Bellido o la esclava prostituta en los capítulos finales; cerrándolos con prisa, sin sumar a la historia central, rebajando un poco la trascendencia simbólica que estos personajes constituyeron en los anteriores capítulos. y es también allí, en la parte final -que es obvio, no puedo detallar- en la que el narrador se convierte en elocuente, en el que la adjetivación se afila y refulge y esto es así porque es absolutamente necesario.
Así, la novela de Rengifo tiene una serie de propuestas que exige una lectura avispada, que conecte los puntos, que el lector piense y que no espere en El jardín de la doncella el juego de estructuras y ritmos, que muchas veces son pura pirita, acostumbrado de nuestra época. Una novela que, a pesar de las falencias que he señalado, considero sólida, de un lenguaje preciso y armonioso, con elementos simbólicos que los años terminarán de presentar a la polémica.

