Sunday, September 25, 2011
Muerte en el fútbol
Es inaceptable. estamos totalmente equivocados. cómo pudo pasar tan terribe suceso. la mayor de las penas para los asesinos. la mayor tristeza para la familia. el fútbol no vale una vida, ni siquiera un razguño, ni el temor de aquellos que solo quieren disfrutar de una pasión. comparto la idea de quienes están solicitando un final para el fútbol si es que no se dan las garantías del caso. no se puede admitir que se vuelva a jugar con la vida de nadie por un partido de fútbol. basta ya!
La ciudad y la música
Lima es una ciudad tan maravillosa como terrible. Una ciudad que se descubre cada día y que se debe descubrir. una ciudad imposible, una ciudad de ficción en la que siempre he sido un pasajero. de niño, Lima me parecía misteriosa y mística, inasible pues cada esquina que aprendía era una revelación hecha por mis padres, magníficos contadores de historias. no había una cuadra que tuviera vida gratuita, siempre había para ellas un infierno o un paraíso. era su ciudad. cuando finalmente pude salir, descubrir sus noches, sus horas, sus peligros; me sentí como Darwin debió sentirse al descubrir la cadena de la vida. sus calles se abrían a mis pasos, su espíritu era mi oxígeno y mis pasos sobre su asfalto, la percusión que imita su corazón. aprendí del centro y sus enormes fantasmas grises; de las periferias y sus normas, de un miraflores que podría llamarse nostalgia, y de un barranco que sería melancolía. a nada, ni siquiera a los mayores peligros que se convierten en titulares de periódicos, se debía temer. Sin embargo, siempre sentí que algo le faltaba. el cigarrillo humeante me lo decía cuando me abrazaba en vaporosos laberintos pero encriptado en la estela que dejaba al caminar. tuve que esperar hasta mis años universitarios para entender la ausencia. mi mejor amiga en todas las vidas y muertes me lo señaló cuando, triste, aseguraba que su reproductor de CDs había muerto (o tal vez se lo sustrajeron, la memoria es intervenida por la imaginación) y que se desesperaba: Lima es diferente con música, aseguraba. Mi familia no ha tenido mucho dinero. yo trabajaba para pagar mis gastos y la idea de comprar un reproductor de CDs era un sueño. un sueño que podía alcanzar. ahorré. y pude comprarme uno de marca bastante cuestionable. me duró cerca de seis meses. ya había probado la miel. luego adquirí otro de mejor marca, resistió mis borracheras, caminatas bajo la lluvia y viajes en bus, poco más dos años. era cierto. la ciudad tornaba en luces y oscuridades, los rostros connotaban, los árboles (no sabes cuánto me maravillaba) agitaban sus ramas señalándome interrogantes, todo lo que me parecían simples apariencias obtenían sustancia. la ciudad se abría como una flor, pensé; pero en realidad era un cómplice vagabundo. evolucioné del reproductor de CDs al de mp3 y aprendí de música. la mía era (aún lo es) bastante elemental y superficial. sumaba ritmos en vez de propuestas, pero poco a poco fui entendiendo, acumulando centenares de discos, algunos solo los oía una vez, otros, miles. con algunos tuve el placer de estudiarlos con detenimiento, invertir cientos de horas, escuchándolos una y otra vez, tratando de entender propuestas y crecimientos. siempre me ha costado bajar música, prefiero mis discos y convertirlos a otros formatos; algunos de ellos, como los buenos libros, han perdurado y me han acompañado por años, hasta hace algunos días. nunca he dejado de ser peatón, ni de disfrutar de mis viajes en bus, mi placer e indignación van de la mano cuando cruzo Lima. Sin embargo, desde hace algunos años caí en la tentación del auto propio. un nuevo formato, espacio, volumenes, formas de traficar la música. ahora los edificios aparecerán como sombras y los detalles se convertiran en vagas generalidades. la música sería una cápsula aislante. aprendí a llevar mis discos en el auto, mis perennes, aquellos que había comprado en original, aquellos que eran perfectos para armonizar la ciudad con la sonrisa de ella y que el malecón sea una unidad de cigarrillos; pero un enviado de la necesidad sintió que le pertenecían. con habilidad, forzó a ventanilla y con mayor rapidez sustrajo mi equipo, además de poco más de un centenar de discos. así es la ciudad, toma y da. imagino que esos discos estarán girando esta noche, creando las atmósferas de otro escritor, las cortinas para no deslumbrarse con las luces de la ciudad o el aroma para los amantes en un sofá. esta noche la ciudad me maravilló, la redescubrí como tantas otras veces; pero estuvo la ausencia. por eso, lo primero que he hecho esta noche es escuchar a siguiente canción:
Wednesday, September 07, 2011
El último guerrero chanka

El cine, a quién le cabría una duda, es un arte sumamente completo y complejo. Existen películas entretenidas, artísticas, originales y buenas. otras lentísimas, pero interesantes. Algunas son un sorprendente ejercicio visual, a pesar de un texto miserable. Unas son una gran incógnita, no por su profundidad, sino porque no se puede comprender cómo alguien se atrevió a rodar tal o cual historia, tal vez por lo lúdica, tal vez por lo estúpida. otras son simplemente malas, a pesar de ser cumplidora en todos los aspectos, no te dejan nada para el café: olvidables. y también las que, a pesar de sus falencias, no se puede dejar de comentar y evaden con habilidosos movimientos la nota desaprobatoria. como ese compañero de clase que los profesores siempre le suben las notas porque sospechan potencial y con los que se es condescendiente de un modo poco racional. ese es el caso de El ùltimo guerrero chanka. Se me complica calificar esta película; pero de ningún modo me atrevería a decir que es buena. El largometraje está dirigido, producido, escrito y, si no me equivoco, protagonizado por Víctor Zarabia quien estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes y se reconoce como seguidor del cine de Bruce Lee, Tarantino y Rodriguez (según lo señaló el diario El Comercio) y esta, El último guerrero Chanka, es su primera gran producción. filme que necesitó de una inversión de 80 mil soles, ha sido todo un éxito en el interior del país, pero apenas se pudo observar en la capital y solo en algunas salas de cine. La realización muestra errores demasiado graves como para ser condescendiente, por ejemplo, en el tema de los diálogos que son bastante difíciles de creer por su solemnidad. el nivel actoral era, por momentos, amateur; por otros, pues dotaban de gran verosimilitud a lo narrado. de hecho, es sorprendente la aparición de la joven compañera del guerrero chanka, cuya belleza es perfectamente natural y frágil, lo cual eleva el carácter dramático en la reacción del protagonista de la historia. Tal vez el mayor error en la película es el manejo de los tiempos. a veces exagera en las tomas de los grandes cerros, del movimiento de las nubes, en las secuencias de las persecusiones, los recuerdos.
Y es aquí en donde detendría mi crítica, pues lo que queda de la película me interesó mucho. en principio, el inicio de la película es sorprendente: la reconstrucción de una batalla chanka de hace 500 años, con cientos de actores y vestimentas que, apelando al imaginario, debieron ser las que utilizaron nuestros antepasados andinos. Este inicio es narrado en quechua, lo cual construye una atmósfera mítica riquísima y un primera gran acierto de parte del director. luego, el viaje de los arqueólogos, tan entusiasmados ellos por su búsqueda que es enternecedor. por supuesto, aparece en medio de la nada el calateo. un natural baño en una catarata mientras su compañero encuentra el camino al templo perdido. muy clásico. en adelante, la historia se convierte en una de acción, la introducción del protagonista (entiéndase, el último guerrero chanka) fluye en la acción. es pequeño y delgado, cualquiera diría que es muy débil y es esa característica lo que impulsa más el sentido épico de la película. se ven todas las influencias de las que hablaba su director y, en cierto modo, logra lo que quería hacer. pienso que si Zarabia obtiene un manejo adecuado en los tiempos de la narración y evalúa los principios de la verosimilitud en los diálogos, su próxima producción superará esta y consolidará ese cine del interior que es tan interesante y que tiene un enorme poder imaginativo, que se arriesga, que se atreve y que por supuesto nos interesa muchísimo.
Y es aquí en donde detendría mi crítica, pues lo que queda de la película me interesó mucho. en principio, el inicio de la película es sorprendente: la reconstrucción de una batalla chanka de hace 500 años, con cientos de actores y vestimentas que, apelando al imaginario, debieron ser las que utilizaron nuestros antepasados andinos. Este inicio es narrado en quechua, lo cual construye una atmósfera mítica riquísima y un primera gran acierto de parte del director. luego, el viaje de los arqueólogos, tan entusiasmados ellos por su búsqueda que es enternecedor. por supuesto, aparece en medio de la nada el calateo. un natural baño en una catarata mientras su compañero encuentra el camino al templo perdido. muy clásico. en adelante, la historia se convierte en una de acción, la introducción del protagonista (entiéndase, el último guerrero chanka) fluye en la acción. es pequeño y delgado, cualquiera diría que es muy débil y es esa característica lo que impulsa más el sentido épico de la película. se ven todas las influencias de las que hablaba su director y, en cierto modo, logra lo que quería hacer. pienso que si Zarabia obtiene un manejo adecuado en los tiempos de la narración y evalúa los principios de la verosimilitud en los diálogos, su próxima producción superará esta y consolidará ese cine del interior que es tan interesante y que tiene un enorme poder imaginativo, que se arriesga, que se atreve y que por supuesto nos interesa muchísimo. 
Los que no tuvieron la oportunidad de participar en la polémica de si El último guerrero Chanka es o no una buena película, tendrán que esperar a que se edite la versión DVD y que se adquiera, por supuesto, en original.
Saturday, September 03, 2011
Miguel Ruiz Effio_Un nombre distinto
Un nombre distinto es el último libro de relatos publicado por el buen escritor Miguel Ruiz Effio, a partir del premio otorgado por la Asociación Peruano Japonesa. Recordemos que el primer libro de Ruiz Effio, La habitación del suicida, había quedado en segundo lugar en la anterior edición del premio APJ y que, en aquella ocasión, ganó el poeta Miguel Ildefonso. En su primera publicación, sorprendió el autor por dotar a cada uno de sus cuentos de un ritmo impecable, de lirismo tanto en sus descripciones como en sus conmovedoras artes para asesinar a cada uno de sus personajes. Uno de los mejores libros de ese maravilloso 2006 tan lleno de entusiasmo literario. En Un nombre distinto el autor mantiene su reconocida habilidad rítmica; pero ha logrado un grave incremento en el nivel de complejidad de sus relatos, manteniendo prudente equilibrio entre técnica y anécdota. Cada relato es tan impactante como la forma en la que el autor ha decidido contarla; tal vez el mayor trabajo técnico sea el juego del tiempo que realiza en Descifrando a Lulú (superposición pasado - presente), Raimondi 904 (superposición pasado - presente), Seguridad ciudadana (tiempos paralelos); tres de las seis historias que componen el libro y que encierra el, probablemente, mejor cuento: Raimondi 904 (aunque, por supuesto, esto es totalmente opinable: Dos pájaros, un tiro es un excelente cuento y Descifrando a Lulú también podría entrar en la discusión por su buen manejo en la dosificación de información, lo cual mantiene al lector atento a los que se descubrirá líneas adelante) y el cuento que contiene con mayor claridad la propuesta del libro: Seguridad ciudadana. Así, en estos cuentos encontramos superposiciones temporales, un narrador que se confunde con las voces de los personajes que, no solo tienen sus propias formas de contar las cosas, sino que logran tener personalidades definidas, pasiones, rencores; cambios de ritmos notables, pasando de un fraseo directo, casi objetivo y otros más bien largos relacionadas con las varias evocaciones que interrumpen la acción y que suelen ser la causa del ser en más de uno de sus relatos; todo esto dentro de una atmósfera de realismo urbano, solo quebrado por el último relato, Laura, misterioso, narrado en primera persona, casi un monólogo interior, simbólico (no puedo evitar relacionar el título con el mito de Dafne y con el maravilloso libro de Carlos Fuentes, Aura), el de mayor lirismo; pero lo que más me interesó dentro de este trabajo es la propuesta que ya señalábamos líneas arriba: no hay arriba y abajo, ni blanco y negro, ni la verdad o la mentira, la "o" es más que compleja y que dentro del realismo urbano, la reacción más violenta (como en Dos pájaros, un tiro) no es más que una reacción natural como lo muestra el simbolismo final: solo es cuestión de matar una rata, ¿quién no lo haría? y pareciera que esta última pregunta es la que nos quiere hacer al finalizar el libro: ¿quién no reaccionaría como sus personajes? y entonces, nuevamente, no hay blanco y negro, no hay moral, no hay bueno ni malo o... tal vez eso que consideramos malo, eso que calificamos como malo desde el cómodo sofá cuando vemos una noticia en TV, tal vez no es tan malo, tal vez es bueno o, tal vez, solo tal vez, eso que leemos en los cuentos de Miguel Ruiz Effio, solo tal vez van más allá de lo "malo", tal vez merecen Un nombre distinto.
El libro se debe encontrar, imagino, en las principales librerías de Lima y, con certeza, en la misma Asociación Peruano Japonesa.

Miguel Ruiz Effio (Lima, 1977) estudió Administración en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Fue finalista en la XII Bienal de Cuento “Premio Copé 2002” con el texto “Derechos de autor”. Además, cuenta con una decena de reconocimientos en concursos literarios del país. Su primer libro, La habitación del suicida, obtuvo una mención honrosa en el V Concurso Nacional de Cuento 2004 de la Asociación Peruano-Japonesa. Relatos suyos han sido incluidos en las compilaciones Maldito amor mío. Cuentos y relatos de amor (Editorial Signo Tres, Lima, 2002), Encuentro de escritores nuevos (Universidad Científica del Sur, Lima, 2004), “Guitarra de palisandro” y los cuentos ganadores y finalistas del “Premio Copé 2002” (Ediciones Copé, Lima, 2005), Disidentes: Muestra de la nueva narrativa peruana (Revuelta editores, 2007), Nacimos para perder. Simplemente cuentos (Editorial Casatomada, 2007) y en la revista electrónica chilena Proyecto Patrimonio. El año 2011 ganó el VI Concurso de Cuento convocado por la Asociación Peruano Japonesa.
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