Sunday, August 21, 2011

Me time

El cine es un arte maravilloso. técnica, historias, narración, intertextualidad, fotografía, música, guión, dirección, actuación entre tantos otros elementos que uno tiene que tejer para valorar y juzgar el esfuerzo de tantas personas como bueno o malo. pero al final, nada de eso importa; o tal vez importa todo eso. al final, un buen film es el que logra tocar fibra, cambiar el ritmo del corazón, construir, quién sabe cómo para algunos sí y otros no, un mundo delicioso. un buen film va más allá de las técnicas logradas y una actuación decorosa, más allá de una historia inspirada, un buen film siempre es personal, siempre es para uno aunque lo vean millones y a todos les guste, un buen film te grita mirándote a los ojos, conmoviéndote, volviéndose el lugar más cálido del mundo. desde hace días tengo un buen film en la cabeza. lo es técnicamente, narrativamente, actoral y musicalmente; pero sobre todo, lo es para mí. no sé si habrá sido que cuando lo vi por primera vez me sorprendió la forma tan simple de contar algo tan sordido, la manera tan dulce de terminar algo tan sucio o tal vez la promesa subconsciente: esperar que la vida -allá en los inicios de vivirla- tenga tanta emoción sordida y un amor que redima todos los pecados que gustoso, me decidía a vivir. esta noche, en solo unos instantes, me dirigiré a mi videoteca. la elegiré entre tantos muertos. me echaré en el sofá, aprovechando que esta noche es fría y puedo fumar, acariciaré a mi perro Kafka y volveré a ver El graduado.


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