
Hace unos días, en un célebre hotel miraflorino, estuvimos reunidos algunos amigos junto al poeta mayor Miguel Ángel Zapata. Vinos iban y venían, y una edición bilingüe que reúne la poesía completa de Vallejo juzgaba nuestras conversaciones desde el centro de la habitación. Zapata, además de excelente poeta, bohemio y conversador; es catedrático de literatura hispanoamericana en una universidad neoyorquina. curioso por el tema del canon (en las universidades norteamericanas existe un registro de 100 libros de lectura obligatoria para los estudiantes; 100 libros seleccionados entre los millones existentes de todo el mundo), consultaba con Zapata sobre el juicio en la crítica norteamericana por el poeta. "el único, Vallejo es el único", repetía el catedrático. y es así. no estoy aquí para descubrirlo. ni para cubrirlo de adjetivos llenos de admiración y aprecio; pues todos estos adjetivos, honestamente, preferiría que se agolpen en tu mente cuando vayas al Centro cultural de la Católica. El poeta más grande del Perú (ojo, este es un país en el que levantas una piedra y encuentras un poeta; así que no es poca cosa) es el tema de la exposición. La edición bilingüe pasaba de mano en mano durante la reunión, así como las palabras, el vino y los cigarrillos. comparábamos la potencia del verso vallejiano en castellano con la traducción al inglés. y decíamos, busca los Heraldos negros y ohhh, no lo logra, y que busca Trilce y ohhh, no lo logra, y entonces que busca Masa y ohhh...; bueno, entenderás cuando vayas al CCPUC. fascinante exposición. sus cartas a mano, su escritura perfecta a máquina, el bosquejo de sus ideas, los artículos... en fin. una distribución impecable, llena de amor y admiración.





