La universidad Católica, espacio intelectual que albergó mis digresiones simples y complejas, hoy se ve, nuevamente, atacada por Monseñor Juan Luis Cipriani. porque es él y no la iglesia Católica quien agita las aguas. quiere apoderarse de la universidad a como dé lugar y es apoyado por una serie de medios de comunicación que le otorgan el espacio para referir sus opiniones sin realizar una investigación seria. solo lo dejan hablar y decir lo que le da la gana. por qué en este tema no hay una investigación seria, no solo una recolección de testimonios que, evidentemente, solo llevan agua a su molino? y pienso que este tema amerita una investigación, porque estamos hablando de control, censura, apoderarse de una de las universidades más importantes del país y de la región; y que ha logrado esto por ser plural, defender la diversidad y luchar por la verdad. el ejemplo es sencillo, Salomón Lerner, rector de la universidad en los 90s, dirigió la CVR y no tuvo temblor alguno para denunciar abusos de todas las partes, decir las cosas como se debían e investigar sin miedos. en El Comercio, después de la CVR, le hicieron una entrevista profundizando en el seguro dolor que le provocó recopilar todos estos testimonios de sangre y abuso que el país aún guarda en su corazón. recordemos el triste comentario de Cipriani ante los militares alentando ejercicios de discriminación. ese tipo de dirección es lo que se necesita en una universidad? y no digamos La católica, cualquier universidad en lo que se busca el conocimiento, situación que requiere como presupuesto la libertad intelectual, la apertura de opiniones y acciones, la tolerancia.
La universidad ha perdido la acción de amparo impuesta ante el Tribunal Constitucional. lo cual es rarísimo al ojo de cualquiera, pues esta solicitaba la defensa de la autonomía universitaria, situación garantizada por la Constitución. el solo hecho de un Cipriani reclamando el control de la universidad ya es intervención y esto no es difícil de entender. pero parece que vivimos en un país demasiado conservador, tradicional y lo suficientemente cobarde como para no poder enfrentarse a la Iglesia y decir, sabes, estás equivocada. El Tribunal no tiene la facultad de decir, ahora Puc, tienes que hacerle caso a la Iglesia; todo lo contrario, solo ha dicho que no hay intervención, en ese sentido, la Iglesia no puede decir ni solicitar nada.
El tema es bastante complejo y se fundamenta en el testamento de José de la Riva Agüero, este me parece, según la información que he tenido, bastante claro, sistematico y seguido al pie de la letra durante seis décadas, hasta que a Monseñor se le ocurrió tomar la universidad. tal vez cuando postuló no ingresó y por eso, ahora quiere estar ahí sea como sea.
Mi posición no es de derecho, aunque podría explicar cada detalle legal sucedido a partir de los testamentos de Riva Agüero y porqué la Iglesia no tiene el derecho que se arroga (la no representación, sino solo la designación de uno de los miembros componentes en la junta administradora de los bienes de Riva Agüero); sino, de intelectual que ve en la intervención de la Iglesia un peligro de magnitudes incalculables, un riesgo tan grande que provocaría que muchos jóvenes intelectuales abandonen sus facultades y se dispercen, pues nuestra casa de estudios se convertiría en una extensión de una de las ramas más conservadoras y recalcitrantes de la Iglesia: el Opus dei. habrían libros aceptados y otros censurados, no habría libertad de cátedra y alumnos bajo vigilancia por sus ideas. ninguna universidad debería tener normas tendenciosas ni limitantes; entiendo la moral, pero inaceptable la moral de las ideas en una universidad que busque la verdad. sumamente preocupado me tiene esta situación en la que la posibilidad de limitar el trabajo intelectual universitario se siente como tambores de guerra en las murallas de la ciudad.



