La época del terrorismo es una herida abierta en este país, una herida sangrante, purulenta, infectada, agusanada. era un niño en los 80s y un adolescente poco sumiso en los 90s que vivió los apagones, el toque de queda, el saber de memoria dónde están las velas, los fósforos, el radio a pilas. recuerdo la paranoia de transitar por Miraflores una tarde cualquiera para comer helados, viendo los autos viejos, los posibles coches bombas. asustados cuando veíamos a quien sea correr. mi mamá diciéndome no patees nada, puede ser una bomba. fue una era de terror y dolor. no creo que haya habido familia en este país que no haya sido tocada por los terroristas. increíble es que ellos, además, sostuvieran que lo hacían por el pueblo cuando todos somos pueblo, los ricos, los pobres, lo feos y los bonitos. Todos. Aguilar se decidió a tocar este tema sin lirismos a diferencia de Paloma de papel. percibo un equilibrio prudente. es inevitable pensar este tema bajo la luz del drama, y el director lo logra sin exagerar, sin abusar del sentimiento. la historia se construye sobre la base de una típica familia clase media, de esos que no tienen para comer pero que pagan empleada doméstica. familia que se divide entre el desinterés y la curiosidad. Valcarcel, de una actuación bastante aceptable (aunque su voz se me hizo insoportable, pienso que este detalle fue beneficioso para su personaje) representa la típica mujer que se aleja de lo que pasa en el país, que su país es su círculo de amistades, y que lo que pasa, le pasa al otro. Iza representa a un contador pusilanime. lo hace de manera perfecta. trabaja en una universidad del Estado y es testigo en primera fila del movimiento terrorista de aquellos años. propone una teoría interesante, analizada desde el razonamiento estratégico del contador. los jóvenes actores Silvana Cañote y Ricardo Ota no solo cumplen de manera adecuada, pienso que lo hacen bien, siendo personajes detonantes de la trama, tuvieron que soportar una responsabilidad mayúscula y lo logran con soltura. una de las imagenes que me parecieron impresionantes, es cuando Iza y Alexander Carbajal (hijo de la empleada doméstica) llevan sobre el hombro la banderola senderista entre carpetas viejas, abandonadas, como un aula silenciosa. bajo la noche, en siluetas. una fotografía maravillosamente terrible.
lo que me parece que no estuvo a la altura fue la música, no supo impulsar silencios cuando era necesario paladear lo que estábamos observando. pienso que quiso protagonizar demasiado. sutilezas maravillosas en las discusiones entre Valcárcel y Liliana Trujillo (la empleada doméstica) cuando ambas están en la misma situación pero para la primera, Trujillo siempre fue la otra, "ellos".
me parece que está muy bien, el final de un dolor cinico me parece que es el camino adecuado de las historias. Aguilar me ha dejado impresionado, nuevamente.