En la Alianza Francesa de Miraflores, se presenta Heraud, Corazón Volador. obra de teatro basada en la vida del joven poeta que muere a los 21 años de edad. Javier Heraud, sospecho, siempre ha estado en la sombra por su pasado político, por su intento guerrillero, por ser comunista, por luchar contra los burgueses. pero los tiempos están cambiando. ahora podemos hablar de hace unos años con la distancia que otorga el documento histórico y poco a poco, Heraud obtiene un nombre tan poderoso como relevante.
La obra es, no hablo aquí tras el análisis frío y acusioso del crítico, sino desde el punto de vista de espectador conmovido, asombrado y sometido por un guión sobresaliente, poderoso como la poesía misma, tan arriesgada como cualquier enamorado que quiere aceptar que ama. la obra empieza retumbante, abrumadora, silencia de manera imponente a todas la viejas bien que quieren hablar de cómo cocina su críada. luego los diálogos. al principio cuestan un poco, demasiada honestidad, atmósfera en la que no vivimos ni de casualidad. Javier Heraud (Franklin Dávalos) nos derrota con sus miradas, con sus gestos llenos de pasión, con su voz que retumba en el pecho del auditorio. quienes acompañan a Heraud durante el recorrido astral que se visiona en la primera parte de la obra es perfecto, no sobra nada y el final de la primera parte provocó en mí dos reacciones: salir a tomar aire, fumarme todos los cigarrillos que pude en esos solo diez minutos y pensar: si así terminó la primera parte, qué habrán pensado para la segunda. el inicio de la segunda, es... me gustaría ser muy claro con respecto a qué es, pero me parece injusto, terrible para tan buen guión escrito por Eduardo Adrinazen y Claudia Sacha; así que aquí me quedo en silencio, como quedé yo al salir del teatro. aunque en realidad, quisiera terminar con una pregunta: ¿Qué haces allí, detrás de un monitor que no sales a ver esta obra de teatro?



