
Mi orden es mi universo. es mi camino. es el bastón que me dirige en la oscuridad. cuando el equilibrio ha llegado, he logrado escribir por cuatro horas diarias, leído por otras cuatro y producido como nunca. no sé si la calidad en mis épocas de cosmos sea rescatable; pero en todo caso, sentir que escribo, que las páginas blancas van siendo lenta y contundentemente derrotadas, es profundamente satisfactorio. como cuando uno se fuma el último cigarrillo antes de entrar en casa, escuchando cómo el silencio de la madrugada es quebrado por un auto ebrio, tan ebrio como yo. en mi rutina: escribir de noche hasta llegar al punto final; levantarme de madrugada para escribir en mi cuaderno una idea, una frase o cómo continuar una historia hasta ese entonces trunca, maravilloso paréntesis; leer echado sobre mi cama con mi lámpara, la única luz. del fin de semana, el viernes o el sábado, solo una de esas dos noches es la que elijo para salir, para embriagarme con lo que me cuentan mis amigos, con sus besos, con la noche, con las fabulosas ausencias: no luz, no presión, no tiempo, no sobriedad, no cordura. pues la otra me exige quedarme hasta el amanecer escribiendo o tratando de escribir. el domingo tenía dos opciones, o veía a mis amigos, el triángulo sabio; o me la pasaba echado sobre la cama, tratando de resucitar.
sin embargo, las elecciones que he tomado y han formado lo que hoy podría llamar "mi vida", me aleja con todas sus fuerzas de mi cosmos. el día a día es luchar contra el desorden de mis elecciones, con las incertidumbres de mañana. y cuando sentía que, finalmente, había vencido, había logrado establecer un cosmos y sobrevivir a los nuevos horarios, a las nuevas exigencias, cuando volvía a escribir una novela con la que me divierto como loco pensándola, re_creándola; el mundo, oh, sí, la gran realidad con todos sus colores y perfumes, se sentó en mí. me llovió la realidad desde hace algunas semanas, desde distintos ángulos y sin darme la posibilidad de huír, de eludir, de evadir, de dormir entre historias imposibles propias o ajenas. allí, desde que despierto, hasta que duermo, como el dinosaurio. y la realidad, creo que entendemos, es conflicto. y mi orden desapareció. dificilmente he podido escribir. leer, bueno, gracias a dios siempre he podido hacerlo en los buses o mientras trabajo (sé que no es ético, pero es lo bello de mi trabajo). Desde hace unos días, la página en blanco se ríe de mí, se fortalece, rejuvenece, me observa refulgente. y el cosmos pareciera escaparse, se ha convertido en viento y no lo puedo asir.